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Mi mamá viene ya ¿verdad? Tras unos ojos enrojecidos, se asoma una vocecilla que interpela a todo adulto que se vaya cruzando en su deambular por la escuela infantil. 

Bienvenido o bienvenida a esa escuela de las primeras veces.

Si llegas en los primeros días de septiembre, los llantos y las ansiedades de padres y madres, de los niños y niñas y, si me apuras, hasta de los educadores y educadoras que atienden a esos plañideros, que no cesan de llorar, que andan buscando abrazos y caricias, envuelven el ambiente.

Terminando el curso escolar la imagen es un… ¡pero mírale, ni me dice adiós!

Esta sociedad parece que ha perdido el rumbo y se nos olvida que estamos esculpidos con el cincel de muchas primeras veces…tu primer lápiz, tu primer cuento, tu primer amigo, tu primer amor, la primera vez que fuiste a la playa, el primer viaje en avión, tu primer desamor, tu primer trabajo…

En la escuela de las primeras veces queremos sentarnos, junto a tí lector, a charlar tras ¿un café? No será posible, no disponemos de “ese” tiempo. Estamos en un ir y venir de acá para allá y no tenemos tiempo para saborear y deleitarnos con esa caricia de la manita que te hace cosquillas en el tobillo cuando te sientas junto a ellos para contar un cuento, con ese mirar y esperar a que resuelva su vértigo a tirarse por el tobogán, a probar su papilla salada o a jugar a esconderse y a golpear cajas vacías, latas o palos. 

Parece que tenemos que tener el tiempo ocupado en defender y reivindicar juguetes educativos, canciones en inglés, cursos de estimulación para bebés, miles de fotos y videos en los que la cara del bebé es la protagonista pero …

¿Qué necesita el niño en su escuela de las primeras veces? Sosiego, seguridad porque tiene los límites de lo que sí y de lo que no puede hacer, cariño y confianza en que sus padres y sus educadores están de acuerdo, se respetan y dialogan.

Dice Tonucci que el niño y la niña necesitan coger porquería del suelo, pisar los charcos, jugar solos sin que
los adultos intervengan, ellos a sus cosas y nosotros a las nuestras, resolver los problemas con sus iguales,
ese ceder y negociar… Necesitan abrir sus bolsillos en la escuela y vaciarlos para aprender juntos: la piedrecita del patio que brilla, el trozo de papel arrugado, un trozo de caramelo chupado…

La pedagogía del asombro, de la pregunta y de las caricias son las que hacen que el clima de la escuela de las primeras veces resulte seguro y nutricio a esos inquietos ojos y manos que todo lo miran y tocan mientras lo acompañan de un sonoro ¿po qué?

Alfredo Hoyuelos que tanto ha aportado a esa escuela de las primeras veces vuelve a poner la diana en un tema candente “De nuevo hay clases en las que la mayor parte del tiempo los niños están sentados haciendo fichas, algo que va contra la naturaleza de estas edades. Maestros y maestras que elevan el tono de voz y asustan a los niños –quienes, si algo necesitan en estas edades, es sobre todo seguridad-, profesores y profesoras que miran el reloj pues las horas se les hacen eternas. De esta forma, el currículo escolar de la Educación Infantil está robando en un 90% el tiempo de juego para los niños. Tiempo que las criaturas necesitan vitalmente para crecer y construir su cultura.”

Desde la escuela de las primeras veces queremos compartir, instantáneas de su vida, de esa que ellos quieren descubrir y vivir, de esas preguntas que quieren formular, de esas risas y de esos llantos, que en compañía, se llevan mejor porque tiempo habrá de saberse la lista de colores en español, en inglés y en la legua materna porque se nos olvida que nuestra escuela no es bilingüe sino plurilingüe. En casa se puede cantar y contar historias en árabe, rumano, catalán, gallego, euskera o ruso. Las abuelas y los abuelos están en nuestras escuelas para algo más que para acoger, de nuevo, a las familias que no tienen trabajo y para llevar y traer a los nietos mientras los padres tienen dilatados horarios laborales.


Como dice Mº Carmen Díez, “Juntarse a hablar es uno de los actos más característicos y saludables que tienen lugar entre las personas. Sin embargo, en este tiempo de prisas, de “eficacia”, de “pasar”, se está convirtiendo en una costumbre frágil, y casi en peligro de extinción. Pensemos por un momento en esos grandes grupos de adolescentes que se balancean al ritmo de una pulsación musical que no precisa palabras; en esas conversaciones hechas a base de tópicos, en las que no se transmite apenas nada; en ese andar de puntillas para no despertar ningún conflicto y, así, no tener que taparlo o que hablarlo. En esos escasos tiempos de encuentro familiar, envueltos por las televisivas y lejanas palabras de otros. En esas frases odiosas que invaden el lenguaje cotidiano: “No me cuentes tu vida”, “Olvídame”, “Ése no es mi problema”; en esos teléfonos móviles que acompañan a la gente, dándoles un simulacro de presencia
constante y consoladora...”

Desde esta escuela de las primeras veces, nos sentamos junto a ti lector, para conversar y contarte lo que
hacemos, para que nos cuentes lo que haces, y, así, juntos, poder compartir horizontes y preocupaciones.

Si quieres escuchar una tertulia te dejamos este programa de radio.

 

Año de publicación: 2015

Publicado Por CITA

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Editores: Javier Iglesia Aparicio · CITA , Editores Biblioteca Escolar Digital · Centro Internacional de Tecnologías Avanzadas

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