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La familia inclusiva: metáfora del docente apasionado

Artículo

Antonio Márquez Ordóñez

 

Maestro de Pedagogía Inclusiva (como le gusta llamarla) desde hace 11 años. Actualmente trabaja como maestro del Equipo de Atención a Ciegos y D. Visuales de Granada, donde lleva ya 8 cursos.

 

Coordinador del blog Visuales Granada con el que ganaron la Peonza de Bronce en Espiral Edublogs de 2012.

 

Ha obtenido el Primer Premio en el XV Concurso Internacional de Investigación de Experiencias Escolares de la ONCE con el Proyecto "Los Ciegos y la ONCE"

 

Participa en la coordinación de varios proyectos colaborativos como son Tertulias con Sabor a Chocolate y MesasNEE siempre aportando un toque referido a la Pedagogía Inclusiva.

 

Su blog personal se llama Si es por el maestro, nunca aprendo y en él anda reflexionando sobre todo esto que es la educación, las TIC, las TAC y sobre todo, la Inclusión.

 

LA FAMILIA INCLUSIVA: METÁFORA DEL DOCENTE APASIONADO

 

La participación de cualquier niño en todas las actividades del entorno que le rodea nace de manera espontánea y natural, por su propia curiosidad y ganas de crecer. Para ello pone sobre la mesa todo el repertorio de estrategias con el que viene configurado. Un repertorio  que le permite conectar con su entorno, relacionarse y aprender. Los sentidos vienen programados para convertir esas sensaciones en información procesada, y de esa forma va construyendo un conocimiento del mundo único y personal. Todos los niños del planeta, tengan la condición que tengan, construyen su realidad de esta forma.

 

Pongámonos en el caso de Javier. Alrededor de los dos años, Javier tenía una forma peculiar de descubrir y asimilar su entorno cercano: era capaz de observar los detalles más pequeños e insignificantes de los objetos que lo rodeaban. Le gustaba tocarlos, olerlos y descubrir su sabor. Era capaz de organizar todas esas sensaciones y establecer, a modo de murciélago, un mapa multisensorial del elemento, y esto daba la posibilidad de otorgarle significado. Soñaba y pensaba con dibujos mentales de las cosas.

 

Además, Javier tenía a esa temprana edad una fascinación por la música que salía de lo normal. Era capaz de reproducir cualquier melodía rítmica con estructuras reconocibles. Lo hacía de forma verbal, a través de la percusión manual, e incluso representando ritmos a nivel corporal.

 

Javier creció en una familia numerosa. Era el último de 10 hermanos. El mayor tenía 19 años. La madre de Javier trabajaba toda la jornada y echaba horas extra en un segundo trabajo. Su padre era el que se encargaba de dirigir a toda la prole cuando la madre no estaba, aunque siempre estaban conectados, como un equipo.

 

Sin duda era una familia muy unida. Todos los hermanos tenían sus propias cualidades y capacidades y las ponían siempre encima de la mesa para ayudarse los unos a los otros: Luis, era capaz de recordar, memorizar y jugar con los números. Se le daban bien las mates. Otra de las hermanas, Juana, podía orientarse de forma natural en un lugar en el que nunca había estado. Andrés ayudaba a su padre cuando había que hablar con personas adultas, se le daba bien la dialéctica. Al que más quería Javier era a Julio, tenía la cualidad de saber ayudar a cada uno de sus hermanos cuando más lo necesitaban, y con él tenía una paciencia especial.

 

El secreto de esta familia consistía en hacer todo juntos. Cualquier cosa que se les ocurriese la planificaban entre todos. Se inventaban proyectos increíbles, visitaban sitios o construían cabañas. Cada uno aportaba su "cualidad especial" para poder realizarlas. Establecían un reparto de roles donde todos eran importantes y todos cooperaban para que el evento fuese especial. Se ayudaban en una interdependencia mutua. Siempre consideraban que todos y cada uno de los hermanos podía hacer cosas, podía aportar cosas.

 

Su padre actuaba como un gran maestro y solo tenía que organizar un poco las cosas de mayores, pero su gran contribución consistía en contarles a cada uno de los hermanos el mundo de la forma en que cada uno de ellos podía percibirlo. Sabía cómo plantear la misma jornada de ocio para Javier, para Andrés o para Julio. De manera natural era capaz de programar la actividad con múltiples niveles de complejidad: uno para cada hijo. Conocía a sus hijos y sabía qué les gustaba a cada uno, sabía que la jornada no sería especial para todos si solo planificaba para él. Cuando el proyecto inventado por sus hijos o por él era muy complejo, siempre llamaba a su hermano y a su vecino. Y siempre contaba con su mujer, que le asesoraba y orientaba. Juntos planificaban el trabajo y vigilaban que todos los hijos lo pasaran bien. Nunca se olvidaba de decirles a sus ayudantes que Javier necesitaba que los dibujos lo guiasen. Nunca se olvidaba de decirles a sus ayudantes que Andrés necesitaba ser el portavoz del grupo, y que si Juana no era la encargada de guiar al grupo por las rutas planteadas, no se lo pasaba bien.

 

 Este padre tenía un secreto: "conocía a la perfección a sus hijos". Sin duda esto era "pasión" de un padre y "motivación" de un maestro.

 

Cuando Javier entró en la escuela algo pasó...

 

De repente a nadie le interesaba la gran cualidad de atribuir olores, sabores y formas a los objetos. A nadie le hacía falta eso. Todos querían que aprendiese a leer y a escribir, como si eso fuese importante para construir sus mapas sensoriales.

 

Además no tenía ningún compañero que le explicase las cualidades de los números o las letras, como lo hacía su hermano Luis; y tampoco nadie le ayudaba cuando no entendía las cosas, como lo hacía su hermano Julio. Todo era caótico, sin sentido y sin comprensión sensorial... Así que Javier, para no caer en una gran melancolía y tristeza tarareaba ritmos aprendidos en casa, y así se sentía protegido. Pero la música tampoco era interesante en la escuela... sólo les interesaban los números y las letras. No querían que cantase porque molestaba a los compañeros. Tenía que estar callado aprendiendo números y letras. Ni siquiera le dejaban que usara la música y las sensaciones para aprender esos dichosos números y letras. Nadie lo comprendía a él y él tampoco comprendía a nadie. - ¿Para qué eran esas letras? - se preguntaba todos los días. Además, su nuevo profe no sabía que Javier aprendía mejor con imágenes: - ¿pero por qué no se lo preguntará a mi padre? Él lo sabe.

 

Echaba de menos la sabiduría de su padre, echaba de menos que el profesor no se diese cuenta de que todos los niños que había en aquella habitación cuadrangular y de paredes blancas que olían a piedra y plastilina, eran absolutamente diferentes unos de otros.

 

Quizás se me olvidó contaros que Javier un día fue llevado a un cuarto pequeño, y que un señor de gris le pegó una pegatina en la frente que decía: "Síndrome de Asperger", y tampoco se lo contaron con dibujos.

 

Análisis de la metáfora del docente apasionado

 

La escuela debe conocer a sus alumnos, a todos sus alumnos. La educación inclusiva no significa que todos los alumnos se puedan ajustar a lo que la escuela propone, ofreciéndoles las ayudas que creemos que necesitan para hacerlo. El gran reto de la escuela inclusiva se basa en reconocer que los modelos que planteamos no se ajustan a todos, que los sistemas rígidos nunca tendrán una base de conocimiento de cada fortaleza de nuestros alumnos. Nuestro actual sistema no reconoce que Javier tenga habilidades sensoriales, visuales y musicales que le hacen representar el mundo que le rodea de forma diferente; el mismo mundo que se representa cada uno de sus compañeros con otras estrategias. Nos empeñamos en creer que Javier tiene que aprender de una única forma, una forma convertida en norma, una norma convertida en dogma.

 

El docente de la escuela inclusiva debe ejercer de "padre apasionado" de sus alumnos. De padre que conoce las cualidades que hacen únicos a sus hijos, que los hace, en definitiva, felices.

 

El nuevo docente que trabaje en centros inclusivos debe reconocerse en ese padre que propone estrategias como las expuestas:

 

Enseñanza  multinivel, estableciendo diferentes niveles de complejidad en las actividades planteadas propiciando la participación de todos desde cada uno de los propios procesos de pensamiento de los alumnos.

Aprendizaje cooperativo, creando estructuras de apoyo mutuo, interdependencia positiva y responsabilidad compartida.

Distribución de roles, de manera que todos los participantes tengan una misión otorgada en función de sus potenciales personales.

Docencia compartida, que permita que los alumnos estén siempre juntos los unos con los otros, y no "en casa del vecino sin sus hermanos".

Aprendizaje personalizado, evaluando y descubriendo esos verdaderos potenciales únicos y personales de cada chico, respetando los diferentes ritmos.

Aprendizaje basado en retos, proyectos o problemas que involucren a cada uno de sus alumnos y los haga participar de forma activa.

 

Cada uno de nosotros debe reconocerse en esa motivación personal, en esa "pasión" por enseñar a todos sus alumnos.

¿Reconoces tu labor docente mirando a este padre? Cuando lo hagas, estaremos hablando de escuelas inclusivas.

 

 

Referencias Documentales

- Francisco Zariquiey Biondi: Gestionamos la Diversidad dentro de la Red de Aprendizaje Cooperativo. En www.colectivocinetica.es

- Javier Tourón (2014): Aprendizaje Personalizado. En http://www.javiertouron.es/2014/11/que-es-el-aprendizaje-personalizado.html

- José Blas García (2016): "Cómo comenzar un proyecto ABP desde los intereses de los estudiantes". En http://www.jblasgarcia.com/

- Antonio Márquez (2016): “El reparto de roles, una propuesta para el aula inclusiva”. En http://siesporelmaestronuncaaprendo.blogspot.com/2016/10/el-reparto-de-roles-una-propuesta-para.html

 

 

Año de publicación: 2016

Veröffentlicht Por CITA

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Editores: Carmen Iglesias Bueno · CITA , Editores Biblioteca Escolar Digital · Centro Internacional de Tecnologías Avanzadas

1 Comentarios

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2016.12.19 03:24

Articulo plausible digno de ser socializado